Ancla del Aegean Sea o Mar Egeo (1.973 — 1.992)
Ancla del Aegean Sea o Mar Egeo (1.973 — 1.992)
Donada por el Ayuntamiento de La Coruña en 1.992, a los pocos meses de suceder la tragedia.
El Museo de Anclas Philippe Cousteau de Salinas guarda la memoria de venerables barcos que ocupan un lugar destacado en los anales de viejas guerras y aventuras transatlánticas. Pero en ese espacio de nobleza hay también un rincón para la indignidad, para el baldón que sobre la costa gallega derramó, a finales de 1.992 el Aegean Sea, el antecedente más cercano del Prestige, con el que le unen lamentables coincidencias.
Este petrolero griego de más de veinte años de antigüedad, transportaba 80.000 toneladas de crudo brent — blend cargado en Sullon Voe (Escocia). Tres días antes de la catástrofe, se refugió en la ría de Ares, debido a que el mal tiempo hacía muy peligroso su arribo al puerto de La Coruña.
En la noche del 3 al 4 de diciembre, tras obtener permiso para atracar en el muelle de Repsol, el capitán del barco, otro griego de infausta memoria, Konstadinos Stravridis, ordenó que se pusiese rumbo hacia La Coruña. Una decisión inexplicable, puesto que las previsiones meteorológicas apuntaban a un empeoramiento del tiempo. Y equivocada, puesto que sellaría el destino trágico del buque.
En su derrota hacia la bahía de La Coruña, los 261 metros de eslora del buque comenzaron a verse zarandeados por vientos de hasta 110 kilómetros por hora y olas de más de seis metros, una auténtica galerna que movía el barco como si se fuese un simple corcho a la deriva.
A la altura de la punta Herminia, ya a la vista de La Coruña, el buque realizó dos giros de noventa grados para evitar los bajíos de Xacentes, momento en que se vio empujado contra las rocas situadas justo bajo la Torre de Hércules. El práctico del puerto llegó demasiado tarde para evitar el embarrancamiento.
A la zona se desplazó entonces el remolcador Alonso de Chaves, que se vio incapaz de sacar al petrolero del cepo en que había caído. La situación del buque se hizo tan desesperada que se ordenó la evacuación de los tripulantes, mientras se abría una gran grieta entre dos de los nueve tanques del petrolero, herido ya de muerte.
En las operaciones participaban la embarcación de Salvamento Marítimo "Blanca Quiroga" y el "Helimer Galicia". Fue tan apurada la intervención que uno de los ocupantes del helicóptero cayó al mar embravecido y tuvo que ser rescatado por sus propios compañeros. Hacia las nueve y media de la mañana, los cinco tripulantes y el práctico de La Coruña que aún permanecían en cubierta, se arrojaron al mar, donde ya se acumulaba una buena cantidad de petróleo. Fueron rescatados milagrosamente.
Lo peor estaba por llegar. Inexplicablemente, se registró una fuerte explosión y se desencadenaron todos los infiernos. Una densa nube de humo comenzó a elevarse desde el petrolero cubriendo por completo el cielo.
En La Coruña se desataron todas las alarmas. Se evacuaron colegios y viviendas cercanas a la Torre de Hércules, que con sus dos mil años, se convirtió en testigo mudo de la catástrofe. Las labores para extinguir el incendio duraron varios días. El Mar Egeo ya no ardía, pero había derramado su negra carga sobre una costa aún no recuperada del anterior desastre, el del Urquiola, que se hundió en 1.976 con 100.000 toneladas de crudo.
El Mar Egeo causará daños en toda la costa coruñesa y . dejará momentáneamente sin trabajo a tres mil pescadores y mariscadores. Mil terminaron colgando las redes. En las labores de limpieza intervino un buque con base en Gijón, el Punta Salinas.
Los coruñeses se echaron a la calle el 10 de enero de 1.993, bajo un eslogan que volvió a ponerse tristemente de moda: "Nunca Máis". Exigían que se declarase la costa afectada por la marea negra como zona catastrófica.
Después, los litigios para cobrar las indemnizaciones. El fondo internacional que cubre los desastres marítimos no cejó hasta rebajar al máximo las cantidades que debía abonar y llegó finalmente a un acuerdo con el Estado español en diciembre de 2.000, justo a tiempo para que se desencadenase la catástrofe del Prestige, por el que se comprometía a pagar 12.000 millones de pesetas, una cuarta parte de lo exigido por los afectados.
El barco pasaría después a manos de un chatarrero que lo compró por 25 pesetas.
El ancla del Aegean Sea contempla ahora desde La Peñona, las playas de Salinas, El Cuerno y San Juan de Nieva. Merece conservarse donde está, como recuerdo de lo que NUNCA MÁIS debería castigar los mares.
Ayuntamiento de Castrillón.
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