Ancla del "Cabo de Palos"
Ancla del "Cabo de Palos"
Donada por el Ayuntamiento de Avilés en 1989.
Esta ancla perteneció al galeón "Cabo de Palos", hundido a la entrada de la Ría de Avilés el 31 de julio de 1911.
El puerto de Avilés, municipio limítrofe con Castrillón, vivió en los primeros años del siglo XX el espejismo de convertirse en el principal de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias. El gijonés de El Musel estaba aún en construcción y los viejos muelles de la villa de Jovellanos no podían absorber los tráficos de carbón de las cuencas mineras que, justamente, se iniciaban en aquellos momentos.
Avilés se impuso a otras opciones como San Esteban de Pravia, y durante unos pocos años disfrutó de una primacía que se rompería en el año 1.911, poco tiempo después de la puesta en marcha de los atracaderos de la ensenada de El Museo.
Este año, concretamente el 31 de julio, el vapor "Cabo de Palos", se hundiría en plena bocana de la ría, a la altura de El Arañón, poniendo de manifiesto las limitaciones de un puerto en el que sólo unos años antes (1.900) finalizaban las obras de canalización de la ría y la construcción de la dársena de San Juan de Nieva. El buque acabó partiéndose y hundiéndose en la zona de El Arañón, cercenando durante décadas (hasta los años sesenta), las posibilidades del puerto y de una ciudad que alguna vez soñó con ser la principal salida de Asturias al mar.
Hubo que esperara a agosto de 1.961 para que se iniciasen las labores para retirar los restos del buque de la mano de José María Peláez Prieto (alias Peltó) y recuperar parte de la carga que el vapor llevaba en sus bodegas, durante los primeros trabajos para dotar a la bocana del puerto de más calado.
El ancla del barco estuvo muchos años en el puerto de Candás, donde hoy se levanta "La Marinera" de Antonio Rodríguez, y presenció los juramentos de los caballeros del Alba, para ser después el primer áncora que recaló en el incipiente Museo Philippe Cousteau, a finales de los años ochenta.
El Cabo de Palos era un vapor de tamaño modesto, botado en 1.885 y perteneciente a una compañía vasca. Se dedicaba preferentemente al tráfico de cabotaje, aunque también realizaba viajes de mayor duración.
A Avilés llegaba cada quince días, por lo que era un puerto perfectamente conocido por la tripulación. Cuando llegó a costas asturianas a finales de julio de 1.911, procedía del puerto de Bilbao. Llevaba una carga variada, entre la que se contaban desde paraguas hasta clavos de latón para la fabricación de zapatos con destino a un puerto británico, según rememora Peltó.
El accidente se produjo cuando el buque salía del puerto. Por razones desconocidas el vapor rozó contra los bajos de El Arañón, la gran pesadilla de la ría avilesina, puesto que en ellos sufrieron desperfectos o se hundieron hasta treinta barcos. El Cabo de Palos todavía alcanzó la Piedra Perdida, ya fuera de la bocana, pero ante la gravedad de la vía de agua, se decidió que regresara a puerto.
No lo logró y el barco quedó semisumergido en mitad de la bocana. Peltó asegura que al concocerse la noticia, hubo fiesta en San Esteban de Pravia, puesto que aquel accidente significaba que el carbón volvería a salir por el puerto de aquel concejo. Los muelles avilesinos quedaron colapsados durante tres semanas.
Al final, mediante voladuras, se echó a pique al barco que quedó partido y sumergido a unos siete metros y medio de profundidad.
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